La XVII Cumbre de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica y nuevos miembros) cerró su segunda y última jornada en Río de Janeiro, Brasil, con un enfoque en medioambiente, cambio climático y salud global. El evento, celebrado en el Museo de Arte Moderno, buscó consolidar al bloque como un actor clave en el nuevo orden multipolar, reforzando la cooperación entre las naciones del Sur Global.
El presidente anfitrión, Luiz Inácio Lula da Silva, abrió la sesión destacando la urgencia de enfrentar la crisis climática, cuyos efectos golpean con mayor fuerza a los países en desarrollo. Criticó los legados del colonialismo y abogó por un enfoque que garantice derechos humanos, igualdad y desarrollo tecnológico para las economías emergentes.
Lula también anunció iniciativas de mitigación climática, incluyendo financiamiento para reforestación y transición energética, con el objetivo de legar un planeta sostenible a futuras generaciones.
La cumbre adoptó la «Declaración de Río de Janeiro», un documento de 126 puntos que aboga por un Consejo de Seguridad de la ONU más democrático, con mayor representación de África, América Latina y el Caribe. Los líderes defendieron el multilateralismo y pidieron reducir la dependencia del dólar en el comercio intragrupo.
Además, se acordó fortalecer el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), liderado por Dilma Rousseff, y se lanzó un sistema de garantías multilaterales para impulsar inversiones entre los miembros.
Sobre Gaza, Lula condenó las matanzas indiscriminadas, aunque la declaración final evitó el término «genocidio». En innovación, se presentó el Plan de Acción BRICS 2025-2030 y se creó un Centro de Competencias Industriales para impulsar tecnologías como la Inteligencia Artificial (IA).
Con miras a la COP30, el grupo respaldó el Fondo Floresta Tropical y una hoja de ruta climática a cinco años, reafirmando su compromiso con un futuro más justo y sostenible.
T/RNV